11 de marzo del 2026
Lucas 7:11-17
EL FUNERAL QUE JESÚS INTERRUMPIÓ
“Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores”. Lucas 7:13
La muerte es una de las experiencias más dolorosas que enfrentamos. Nos confronta con nuestra fragilidad y nos arrebata a quienes amamos. Perder a alguien cercano es como sentir que nos arrancan un pedazo del alma. Pero imagina vivir ese dolor dos veces con la misma persona. Imagina despedirte… llorar… sentir el vacío… y luego volver a enfrentar la misma historia. Eso le ocurrió a la viuda de Naín: primero perdió a su esposo, y ahora caminaba detrás del ataúd de su único hijo. No tenía a nadie más. Y entonces Jesús apareció en el camino quien, al verla, dijo: “No llores”. Palabras que, en cualquier boca humana, sonarían insensibles, pero en labios de Jesús eran una promesa. La viuda no pidió un milagro, pero Jesús la vio. La notó entre la multitud y se conmovió… y tocó lo que nadie se atrevía a tocar: el féretro. La Vida tocó a la muerte… y la muerte retrocedió. Y eso es lo que Jesús sigue haciendo hoy. Tal vez no estés caminando detrás de un ataúd, pero quizá llevas en tus manos algo que parece muerto: una relación, un ánimo por los suelos, o tu fe, que apenas conserva un pulso. Jesús no solo tiene poder para levantar lo que murió… también tiene compasión para detenerse frente a tu dolor. Él sigue entrando en nuestras ciudades, interrumpiendo nuestros funerales interiores, y decir: “No llores… yo estoy aquí”.
Señor Jesucristo, mira mi dolor y sana aquellas partes afectadas en mi vida. Consuélame en medio de la dificultad y dame la esperanza de una vida eterna a tu lado. Amén.
El evangelio de Lucas nos invita a ver a Jesús con ojos nuevos. No solo como un personaje histórico, sino como el Hijo de Dios que caminó entre nosotros con ternura y poder. Lucas, médico y cuidadoso narrador, investigó todo con detalle para que tengamos plena certeza de lo que creemos. Su relato nos muestra al Cristo que toca al intocable, que se sienta a la mesa con pecadores, que devuelve esperanza a los caídos y que abre el cielo a los que nadie veía. Cada capítulo de Lucas es una ventana al corazón de Dios. En sus páginas descubrimos que la salvación no es una teoría, sino una persona. Jesús no vino solo a enseñar, sino a rescatar; no vino solo a hablar de amor, sino a vivirlo hasta la cruz. Este evangelio nos recuerda que la fe no comienza con lo que hacemos por Dios, sino con lo que Él ha hecho por nosotros en Cristo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.