13 de marzo del 2026
Lucas 8:43-48
PUERTAS ABIERTAS
“Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado?”. Lucas 8:45
¿Alguna vez te has preguntado si Dios realmente tiene espacio en su agenda para tu dolor? Imagina a la mujer del relato. Doce años de sufrimiento… doce años de cargar no solo con el dolor físico, sino con el peso del rechazo. Había gastado todo lo que tenía buscando alivio, y lo único que había encontrado era más soledad. Sus barreras eran enormes: su enfermedad, su pobreza… y, sobre todo, el estigma que la marcaba como “impura”. Ella no debería estar allí. No debería estar entre la gente. Y aun así, con el corazón lleno de esperanza, se abrió paso hasta Jesús. Y lo hizo en un momento que, humanamente hablando, parecía el peor. Jesús estaba camino a atender una emergencia: la hija de un hombre influyente estaba a punto de morir. Las multitudes lo apretaban. Todos esperaban algo de Él. Pero cuando esta mujer tocó el borde de su manto, Jesús se detuvo. Buscó su rostro entre cientos de personas. Porque ese toque no pasó desapercibido para Él. Qué hermoso es saber que Jesús siempre tiene tiempo para ti. Aunque el mundo esté apresurado… aunque otros parezcan más importantes… aunque pienses que tu necesidad no merece atención… Él se detiene por ti. No necesitas una cita. No debes cumplir requisitos. Si Jesús se detuvo en medio de una multitud para una mujer anónima, escondida detrás de su vergüenza y su dolor… también se detiene por ti.
Gracias, Jesús, por escuchar mi clamor en medio de tantas voces. Te ruego que sanes el dolor que hay en mí y veas mi necesidad de ti. En tu nombre, amén.
El evangelio de Lucas nos invita a ver a Jesús con ojos nuevos. No solo como un personaje histórico, sino como el Hijo de Dios que caminó entre nosotros con ternura y poder. Lucas, médico y cuidadoso narrador, investigó todo con detalle para que tengamos plena certeza de lo que creemos. Su relato nos muestra al Cristo que toca al intocable, que se sienta a la mesa con pecadores, que devuelve esperanza a los caídos y que abre el cielo a los que nadie veía. Cada capítulo de Lucas es una ventana al corazón de Dios. En sus páginas descubrimos que la salvación no es una teoría, sino una persona. Jesús no vino solo a enseñar, sino a rescatar; no vino solo a hablar de amor, sino a vivirlo hasta la cruz. Este evangelio nos recuerda que la fe no comienza con lo que hacemos por Dios, sino con lo que Él ha hecho por nosotros en Cristo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.