Lucas 8:43-48
PUERTAS ABIERTAS
“Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado?”. Lucas 8:45
¿Alguna vez te has preguntado si Dios realmente tiene espacio en su agenda para tu dolor? Imagina a la mujer del relato. Doce años de sufrimiento… doce años de cargar no solo con el dolor físico, sino con el peso del rechazo. Había gastado todo lo que tenía buscando alivio, y lo único que había encontrado era más soledad. Sus barreras eran enormes: su enfermedad, su pobreza… y, sobre todo, el estigma que la marcaba como “impura”. Ella no debería estar allí. No debería estar entre la gente. Y aun así, con el corazón lleno de esperanza, se abrió paso hasta Jesús.
Y lo hizo en un momento que, humanamente hablando, parecía el peor. Jesús estaba camino a atender una emergencia: la hija de un hombre influyente estaba a punto de morir. Las multitudes lo apretaban. Todos esperaban algo de Él. Pero cuando esta mujer tocó el borde de su manto, Jesús se detuvo.
Buscó su rostro entre cientos de personas. Porque ese toque no pasó desapercibido para Él.
Qué hermoso es saber que Jesús siempre tiene tiempo para ti. Aunque el mundo esté apresurado… aunque otros parezcan más importantes… aunque pienses que tu necesidad no merece atención… Él se detiene por ti. No necesitas una cita. No debes cumplir requisitos. Si Jesús se detuvo en medio de una multitud para una mujer anónima, escondida detrás de su vergüenza y su dolor… también se detiene por ti.
Gracias, Jesús, por escuchar mi clamor en medio de tantas voces. Te ruego que sanes el dolor que hay en mí y veas mi necesidad de ti. En tu nombre, amén.