Lunes 5:27-32
CUANDO JESÚS PASA POR TU MESA
“Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió”. Lucas 5:27-28
Jesús iba pasando cuando vio a un hombre llamado Leví, sentado en su mesa de impuestos, haciendo lo mismo de siempre. Era un día más en su rutina… hasta que Jesús se detuvo frente a él y le dijo simplemente: “Sígueme”. Y lo sorprendente es esto: Leví lo dejó todo, se levantó y lo siguió.
Leví no solo dejó un oficio; dejó una posición ventajosa, un trabajo que, aunque despreciado, le daba una gran ganancia. Abandonó una seguridad económica real por una vida en la que Jesús no le ofreció ningún “paquete de beneficios”. Pero, al mismo tiempo, dejó atrás un lugar que le había ganado el odio de sus compatriotas… para entrar en el amor de Aquel que lo llamaba por su nombre.
La historia de Leví nos recuerda que nadie está demasiado lejos para que Jesús lo alcance. Él no vino a buscar a los que se sienten sanos, fuertes o autosuficientes, sino a los que reconocen su necesidad. Y Jesús sigue llamando hoy.
Llama a quienes están listos para levantarse de sus propias “mesas de impuestos”: sus viejas formas de vivir, sus apegos, sus sombras… y seguirle. Y cuando alguien responde al llamado, la transformación es palpable: el gozo se desborda, las casas se abren, y otros también son invitados a sentarse a la mesa con Cristo. Permíteme hacerte una pregunta: ¿Estás abriendo tu casa, tu vida y tu corazón para que otros también conozcan al Salvador?
Gracias, Señor, por llamarme a servirte. Permite que mi vida invite a otros a conocerte y seguirte. Y que nuestros corazones estén siempre dispuestos a responder a tu llamado. Amén.