09 de febrero del 2026
Rut 1:22
DE REGRESO A LA CASA DEL PAN
“Así volvió Noemí, y Rut la moabita su nuera con ella; volvió de los campos de Moab, y llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada”. Rut 1:22
Dicen que no hay mejor lugar que el hogar, y en muchos casos es verdad. Volver a nuestra tierra después de un largo tiempo fuera tiene algo especial: los recuerdos, los rostros conocidos, los lugares que guardan historias, los abrazos que esperábamos. Pero cuando el regreso viene acompañado de amargura —como en el caso de Noemí— la historia cambia. Noemí volvió a Belén con el corazón pesado, y además con una nuera extranjera. Y, seamos honestos, en Israel una moabita era tan bienvenida como una torta de lechón. Ahora las dos debían apoyarse mutuamente para sobrevivir: sin esposos, sin propiedades, sin ingresos… y con un futuro incierto. Sin embargo, estaban justo donde Dios las quería. Este regreso no fue solo un movimiento geográfico, sino un regreso espiritual. Belén —“Casa del Pan”— simboliza un lugar de provisión, esperanza y renovación. Para Noemí, volver allí era buscar nuevamente la misericordia y las bendiciones de Dios, aun en medio del dolor. Y algo parecido nos sucede a nosotros. Hay momentos en la vida en que también necesitamos regresar. Tal vez no a un lugar físico, sino al corazón de Dios. Puede que nos encontremos lejos, agotados o desanimados, sintiendo que la fe se ha enfriado. Pero al igual que Noemí y Rut, estamos invitados a volver a la fuente de nuestra fuerza, provisión y esperanza: a Dios mismo.
Bendito seas Señor, por tu provisión y cuidado. Fortalécenos en nuestras pruebas y ayúdanos a volver a casa contigo. En el nombre de Jesús, Amén.