Rut 4:5-9
EL RESCATE FINALIZADO
“Vosotros sois testigos hoy, de que he adquirido de mano de Noemí todo lo que fue de Elimelec, y todo lo que fue de Quelión y de Mahlón”. Rut 4:9
La escena ocurre en la puerta de la ciudad, el lugar donde se resolvían los asuntos legales más importantes. Allí está Booz, de pie ante los ancianos y testigos, declarando en voz alta que ha adquirido las propiedades de Elimelec y su familia. Pero su anuncio va más allá de una simple transacción. En realidad, está sellando un acto de redención: está asumiendo la responsabilidad de cuidar de Noemí y de tomar por esposa a Rut, la viuda extranjera.
Booz cumple su papel de redentor con integridad. No lo hace por obligación, sino por gracia. Y en su gesto vemos un reflejo del corazón mismo de Dios. Así como Booz redimió lo que estaba perdido, Jesucristo nos redimió a nosotros. Él pagó el precio completo de nuestro rescate, no con plata ni con oro, sino con su propia sangre. Lo hizo para devolvernos la herencia, la dignidad y la vida que el pecado había robado. Vivir bajo esa redención significa reconocer el precio que fue pagado, y vivir agradecidos por la libertad que Cristo nos dio. Significa reflejar su amor en nuestra forma de tratar a otros, con la misma compasión y fidelidad que Booz mostró hacia Rut.
Así como Booz dijo ante todos: “Vosotros sois testigos hoy…”, también nosotros podemos decir: “Mi Redentor ha cumplido su obra”. El rescate está finalizado. La deuda fue pagada. Y ahora, en Cristo, tenemos una nueva vida y una herencia eterna.
Alabado y bendito seas, Señor, redimirnos del pecado y darnos una vida nueva en Cristo. En su nombre oramos, Amén.