Rut 4:10-16
DE LA AMARGURA AL GOZO
“Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel…” Rut 4:14
Me pregunto si las mujeres de Belén sabían aquello de que “madre hay una sola”. En medio de la alegría por el nacimiento del pequeño Obed, ellas parecen atribuirle el crédito a la abuela. Felicitan a Noemí, la bendicen, la celebran… mientras que Rut —la madre real— queda un poco en segundo plano.
En cualquier otro contexto, más de una mamá habría puesto las cosas en claro: “Perdón, pero fui yo la que lo cargó nueve meses, ¡y también la que lo dio a luz!”. Pero Rut no reacciona así. No busca reconocimiento. Al contrario, parece gozarse al ver a su suegra feliz, agradecida. No le importa quién se lleva los aplausos, porque entiende que detrás de ese nacimiento hay algo mucho más grande: la fidelidad de Dios.
Y qué apropiado que sean las mujeres del pueblo quienes celebren este momento. Ellas saben lo que significa traer vida al mundo, pero también reconocen que es Dios quien da la vida. El mismo Dios al que Noemí alguna vez culpó de sus desgracias, ahora es alabado por haberle devuelto esperanza y alegría. Noemí puede mirar atrás y ver que, aun en el dolor, Dios nunca dejó de obrar. Y las mujeres lo resumen con una frase preciosa: “Tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz, y ella vale más para ti que siete hijos”. Así es la gracia de Dios: sorprendente, generosa y llena de redención. Él toma nuestras pérdidas y las convierte en motivo de alabanza.
Gracias Padre, por transformar nuestro dolor en gozo. Ayúdame a reconocer que toda bendición viene de ti y a vivir con humildad y gratitud. En Cristo Jesús, Amén.