16 de febrero del 2026
Rut 2:17-19
DE LAS SOBRAS… A LA ABUNDANCIA
“Y su suegra vio lo que había recogido. Sacó también luego lo que le había sobrado después de haber quedado saciada, y se lo dio”. Rut 2:18
Qué curioso cómo pueden cambiar las cosas. A veces, la provisión de Dios llega de las formas más simples y cercanas: un compañero de trabajo que se interesa, un hermano de la iglesia que aparece justo a tiempo, un familiar que ofrece ayuda. ¡Qué hermoso es descubrir cómo Dios obra a través de personas comunes para mostrar su fidelidad! Piense en Noemí. Cuando regresó a Belén, amargada y sin esperanza, prácticamente culpaba a Dios de su desgracia. Decía haberse quedado vacía. Sin embargo, no había regresado con las manos vacías… había vuelto acompañada de una nuera llamada Rut. Una extranjera. Una mujer de fe, trabajadora, leal y valiente. Y sería precisamente por medio de ella que Dios empezaría a llenar de nuevo la vida de Noemí. Rut no se avergonzó de recoger espigas junto a los pobres. Trabajó desde temprano hasta el anochecer, y cuando regresó a casa, trajo lo suficiente para saciar el hambre de ambas… y todavía más. Esta escena, tan sencilla, es una imagen preciosa de la providencia de Dios: Él no solo cuida de sus hijos, sino que lo hace con abundancia. Rut no regresa con las manos vacías, pero es Dios quien ha guiado cada paso, quien ha abierto las puertas, quien ha provisto. Y su propósito iba más allá de llenar una mesa; Dios estaba escribiendo una historia de redención. Así fue con Rut y Noemí… y así también es contigo.
Gracias, buen Dios, por siempre proveerme de lo necesario. Abre mis ojos para ver tu fidelidad en lo cotidiano y enséñame a confiar en tu cuidado constante. En Cristo Jesús, Amén.