Rut 2:8-9
UN ACTO DE BONDAD
“Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí; y aquí estarás junto a mis criadas”. Rut 2:8
En nuestros días, hacer lo que Booz hizo podría traer problemas. En muchas partes del mundo, los migrantes no son bien recibidos. Incluso los cristianos a veces se sienten atrapados entre lo que dicta la ley humana y lo que demanda el corazón compasivo de Dios.
En tiempos de Booz, la ley judía también tenía disposiciones para cuidar de los más necesitados, pero la realidad era distinta: un extranjero no siempre era bien visto. Por eso su gesto destaca tanto. Booz no solo obedeció la letra de la ley; fue más allá, movido por la compasión. Y si miramos su historia familiar, entendemos por qué. En Mateo 1:5 leemos que “Salmón engendró, de Rahab, a Booz”. Rahab, una mujer cananea… una extranjera. Booz conocía en carne propia lo que significaba venir de una historia marcada por la gracia. Tal vez eso lo hizo mirar a Rut con otros ojos.
Hoy, más que nunca, necesitamos ese tipo de bondad. Cuando tratamos a los demás con dignidad y respeto, reflejamos el amor de Dios. En un mundo donde la indiferencia y la dureza parecen dominar, la actitud de Booz nos invita a ser agentes de bondad: a mirar con compasión, a actuar con justicia y a cuidar especialmente de quienes están en situación vulnerable. Porque cuando mostramos bondad, no solo hacemos el bien: mostramos el rostro de Cristo. Y eso, en medio de tanta oscuridad, puede ser una luz que transforme vidas.
Señor Jesucristo, guíame a ser más como tú para reflejar el amor de nuestro Padre al mundo. Dame un espíritu de bondad y servicio para ser más como tú. En tu nombre, Amén.