Génesis 3:1-15
LA VOZ DE LA TENTACIÓN
“Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”. Génesis 3:10
En el tercer capítulo de Génesis aparece una voz distinta en medio del jardín perfecto. No es la voz de Dios, sino la del enemigo, que llega con engaño y duda. Esa voz marcó el inicio de la separación entre Dios y la humanidad.
Todos conocemos, de una forma u otra, lo que se siente escuchar esa voz. A veces llega disfrazada de promesas atractivas, de deseos legítimos que se vuelven excesivos, o de pensamientos que nos empujan a desconfiar de Dios. Tal vez hoy tú también estás enfrentando una tentación, o escondiéndote, como Adán y Eva, por culpa o vergüenza.
La voz de la tentación promete mucho: poder, placer, control, independencia. Pero nunca cumple. Nos deja vacíos, más lejos de la paz que buscamos. Corremos tras lo que creemos que nos hará felices —dinero, reconocimiento, afecto—, y descubrimos que nada de eso puede llenar el corazón. En cambio, la voz de Dios sigue llamando, no con condena, sino con ternura: “¿Dónde estás?”. Él no deja de buscarnos. Nos invita a salir de nuestro escondite y a volver a su presencia.
El pecado trae consecuencias reales, pero la historia no termina ahí. Dios prometió que un día el descendiente de la mujer —Jesús— vencería al tentador. Y lo hizo. Por medio de Cristo, la voz de la culpa es reemplazada por la voz de la gracia. El miedo da paso al perdón, y la vergüenza, a una nueva vida.
Padre, nuestro pecado ha quebrantado el mundo y nuestra relación contigo. Permítenos escuchar tu voz y volver al gozo de la comunión contigo. En el nombre de Jesús, Amén.