05 de enero del 2026
Génesis 3:1-15
LA VOZ DE LA TENTACIÓN
“Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”. Génesis 3:10
En el tercer capítulo de Génesis aparece una voz distinta en medio del jardín perfecto. No es la voz de Dios, sino la del enemigo, que llega con engaño y duda. Esa voz marcó el inicio de la separación entre Dios y la humanidad. Todos conocemos, de una forma u otra, lo que se siente escuchar esa voz. A veces llega disfrazada de promesas atractivas, de deseos legítimos que se vuelven excesivos, o de pensamientos que nos empujan a desconfiar de Dios. Tal vez hoy tú también estás enfrentando una tentación, o escondiéndote, como Adán y Eva, por culpa o vergüenza. La voz de la tentación promete mucho: poder, placer, control, independencia. Pero nunca cumple. Nos deja vacíos, más lejos de la paz que buscamos. Corremos tras lo que creemos que nos hará felices —dinero, reconocimiento, afecto—, y descubrimos que nada de eso puede llenar el corazón. En cambio, la voz de Dios sigue llamando, no con condena, sino con ternura: “¿Dónde estás?”. Él no deja de buscarnos. Nos invita a salir de nuestro escondite y a volver a su presencia. El pecado trae consecuencias reales, pero la historia no termina ahí. Dios prometió que un día el descendiente de la mujer —Jesús— vencería al tentador. Y lo hizo. Por medio de Cristo, la voz de la culpa es reemplazada por la voz de la gracia. El miedo da paso al perdón, y la vergüenza, a una nueva vida.
Padre, nuestro pecado ha quebrantado el mundo y nuestra relación contigo. Permítenos escuchar tu voz y volver al gozo de la comunión contigo. En el nombre de Jesús, Amén.
Los brotes de los árboles crecen a su alrededor. La carne viva del árbol es la que se encuentra justo debajo de su corteza. Esa capa transporta los nutrientes de raíz a rama y permite que el árbol crezca cada vez más. A diferencia de lo que pensamos con frecuencia, el centro del árbol no es más que madera muerta. Su función es mantener el árbol fuerte y erguido, pero no crece. Nosotros somos como árboles, nuestros por dentro en nuestros pecados, sin vida como un tronco seco. Pero en Cristo, todas las cosas se hacen nuevas. La vida es provocada por la muerte por la gracia, no por la naturaleza. Este mes exploramos cómo Dios crea vida de la muerte. Dios mismo afirma su buena creación, perdona nuestros pecados y renueva todas las cosas con una nueva vida en Cristo.
Joel Vande Werken
Joel Vande Werken ha sido pastor desde el año 2007, sirviendo en iglesias en Nueva Jersey, y Massachusetts. Él y su esposa, Brandie, tienen cuatro hijos.