Romanos 8:18-27
NO MÁS LAMENTOS
“También nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”. Romanos 8:23
A veces, cuando alguien nos pregunta cómo estamos, respondemos medio en broma: “No me puedo quejar, igual nadie escucharía”. Pero la verdad es que sí hay mucho de qué lamentarse. Vivimos en un mundo quebrantado por el pecado: matrimonios que se deterioran, amistades que se rompen, tensiones en el trabajo, enfermedades, desastres naturales y conflictos que parecen no tener fin. La creación gime, y nosotros gemimos con ella.
Sin embargo, el evangelio nos recuerda que ese lamento no es el final de la historia. El mundo no solo cayó en el pecado; Dios también lo está restaurando. El Espíritu Santo obra para recordarnos que el sufrimiento no es inútil, sino parte del proceso por el cual Dios nos transforma. Pablo dice que gemimos “esperando la redención de nuestro cuerpo”. Es decir, anhelamos el día en que todo será restaurado: cuando ya no haya enfermedad, muerte ni llanto. Pero mientras esperamos, el Espíritu de Dios nos sostiene y nos enseña a confiar.
Dios no ignora nuestro sufrimiento; lo redime. La salvación que Jesús ofrece no solo toca el alma, sino también el cuerpo y toda la creación. Cada dolor, cada frustración, puede ser una oportunidad para ver su poder renovador en acción. Así que, si hoy te sientes cansado o abrumado, no temas lamentarte ante Dios. Él escucha, comprende y transforma tus quejas en oración, y tus lamentos en alabanza.
Espíritu Santo, muéstrame cómo la vida de Cristo se revela en mí. Escucha mis lamentos y tómalos como alabanza. En el nombre de Jesús, Amén.