Isaías 62:1-12
UN NOMBRE NUEVO
“Te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará”. Isaías 62:2
A primera vista, este pasaje de Isaías no parece hablar de matrimonio. Sin embargo, refleja verdades profundas sobre la relación entre Dios y su pueblo, tan íntima y transformadora como el vínculo entre un esposo y una esposa. Por eso, enseña mucho a las parejas acerca del amor fiel y el compromiso que Dios desea para su pueblo.
En el matrimonio, dos personas se unen para formar una sola vida. Su identidad cambia: ya no son “yo” y “tú”, sino nosotros. Se pertenecen mutuamente y aprenden a reflejar, en su amor, la fidelidad y la justicia de Dios. Sin embargo, Isaías va más allá del matrimonio humano. Habla de una relación aún más profunda: la unión entre Cristo y su iglesia. Jesús toma nuestro pecado, nuestra debilidad y nuestro pasado, y nos da a cambio su justicia, su gozo y su amor eterno. En Él, recibimos algo más que perdón: recibimos un nuevo nombre, una nueva identidad.
Ser llamado por un “nombre nuevo” significa que ya no somos definidos por lo que fuimos, sino por lo que Dios dice que somos: suyos, amados, redimidos. Isaías describe a Dios declarando con gozo su amor por su pueblo, como un novio que se alegra por su novia. Y esa es nuestra realidad en Cristo. Él no solo nos ofrece una mejor vida aquí, sino una relación eterna, en la que seremos “corona de gloria en la mano del Señor” y “alabanza en la tierra” (Isaías 62:3,7).
Gracias, Padre, por deleitarte en nosotros. Recuérdanos el nuevo nombre que nos has dado, y ayúdanos a descansar en tu incansable labor. En Cristo Jesús, Amén.