Romanos 6:1-14
VIVIENDO UNA NUEVA VIDA
"Como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva". Romanos 6:4
Estar frente a la tumba de alguien que amamos es una de las experiencias más duras de la vida. El silencio duele. Los recuerdos se mezclan con la tristeza, y los sueños compartidos parecen desvanecerse. La muerte deja un vacío que ninguna palabra puede llenar.
Sin embargo, el evangelio nos enseña que incluso frente a la muerte, hay esperanza. Porque la cruz y la tumba vacía de Jesús cambiaron para siempre la historia humana. Su muerte nos liberó del poder del pecado, y su resurrección abrió el camino hacia una vida nueva. Para el creyente, la muerte ya no es el final. Es el comienzo de algo glorioso. Y lo más asombroso es que no tenemos que esperar al cielo para experimentar esa nueva vida. Pablo nos recuerda que, al creer en Cristo, ya hemos muerto al pecado y resucitado con Él.
El bautismo simboliza justamente eso: el paso de la muerte a la vida, de la esclavitud del pecado a la libertad en Cristo. El mismo poder que levantó a Jesús de los muertos actúa hoy en nosotros, dándonos la fuerza para vivir de una manera diferente, guiados por el Espíritu y no por el pecado. Sí, la muerte sigue doliendo. Pero no tiene la última palabra. Porque Jesús vive, también nosotros vivimos. Y no solo con esperanza para el más allá, sino con una razón renovada para cada día: caminar en vida nueva, reflejando la gloria de Dios.
Señor, creo que sufriste la muerte por mí y resucitaste para darme vida eterna. Rompe el poder del pecado en mí y llena mi vida de esperanza aún frente a la muerte. Amén.