Salmo 40:1-17
UNA NUEVA CANCIÓN
"Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios". Salmo 40:3
La música tiene una forma especial de quedarse en nosotros. Todos tenemos canciones que nos acompañan desde hace años: melodías que nos traen recuerdos, letras que podemos cantar sin pensar, ritmos que marcaron etapas de nuestra vida. La música deja huella en la mente y en el corazón. De la misma manera, también llevamos otras “canciones” dentro: los lamentos, las preocupaciones, los pensamientos repetitivos que nacen del cansancio o del pecado. A veces vivimos repitiendo esas viejas melodías de dolor y frustración.
Pero el salmista nos recuerda que esa no es la última canción de la humanidad. Dios tiene un nuevo canto para quienes confían en Él. Un canto que habla de libertad, esperanza y redención. “Me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre roca y afirmó mis pasos.” (Salmo 40:2)
Este es el canto de la gracia. Dios nos levanta del lodo del pecado, nos da un lugar firme donde estar y llena nuestra boca con una melodía diferente. Cuando Jesús llega a nuestra vida, pone una nueva letra en nuestros corazones: la historia de su amor y perdón. Esa es la canción que transforma nuestro pasado en testimonio, y nuestra tristeza en alabanza. Que hoy permitas que esa canción resuene en ti y marque el ritmo de tu día: Jesús te ha salvado. ¿Puedes cantar con gozo esa canción de salvación?
Padre, gracias por las palabras y las melodías que expresan tu mayor regalo: la salvación a través de Jesucristo. Que nuestras bocas hablen al mundo de tu salvación. En Jesús, Amén.