Juan 2:1-11
NUEVO GOZO
“Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él”. Juan 2:11
A simple vista, el primer milagro de Jesús —convertir el agua en vino durante una boda— puede parecer algo menor o incluso innecesario. Pero en realidad, este acto revela mucho sobre el corazón de Dios. Jesús no solo evitó la vergüenza de los anfitriones, sino que mostró que había venido al mundo para llenar la vida de su pueblo con alegría y abundancia.
Desde su nacimiento, el mensaje fue claro: “No temáis, porque os doy buenas noticias de gran gozo” (Lucas 2:10). Ese gozo no depende de las circunstancias, ni de la ausencia de problemas. La felicidad viene y va, pero el gozo verdadero —ese que transforma desde dentro— solo puede venir de Dios.
Jesús vino a redimirnos del peso del pecado y de la muerte, y al hacerlo nos abrió la puerta a una vida nueva y plena. Cuando dejamos que Él quite nuestras cargas, nuestro corazón puede volver a disfrutar la bondad y la belleza de su presencia. Así como toda la creación celebró la obra de su Creador, nosotros también podemos regocijarnos al experimentar la libertad y el amor que solo Cristo ofrece. El evangelio de Juan nos dice que, al realizar este primer milagro, Jesús “manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él”. Cada vez que Cristo actúa en nuestra vida, renueva nuestra fe y nos recuerda que su presencia siempre trae gozo. No permitas que nada te robe esa alegría.
Padre celestial, llénanos de tu gozo. Permítenos ver tu gloria, deleitarnos en ti y poner nuestra fe en Jesucristo. En su nombre oramos. Amén.