Isaías 40:21-31
ALGO VIEJO Y ALGO NUEVO
“Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas”. Isaías 40:29
El pecado trae consigo muchos desafíos. En medio de la dificultad o la incertidumbre, es común preguntarse: “¿Dónde está Dios? ¿Me escucha? ¿Le importa lo que estoy viviendo?”. El profeta Isaías se dirigía a un pueblo que también se sentía así. Israel enfrentaba la conquista y el exilio; estaban lejos de su tierra, cansados y desanimados. Día tras día, nuevos temores los rodeaban, y muchos comenzaron a pensar que Dios los había olvidado: “Mi camino está escondido de Jehová” (v. 27).
Pero Isaías los invita —y nos invita— a mirar más arriba. A recordar quién es Dios: el Creador eterno, el que sostiene el cielo y la tierra, el que nunca se cansa ni se debilita. En medio del quebrantamiento y la confusión, su fidelidad sigue intacta. Él no ha cambiado. Su poder sigue siendo tan real como siempre, y su amor tan fresco como el primer día.
Dios no observa nuestro cansancio desde lejos. Él se acerca, nos fortalece y renueva nuestras fuerzas cuando sentimos que ya no podemos más. La fe cristiana no ignora realidades como el cansancio o el desaliento: simplemente las dirige hacia donde podemos encontrar descanso verdadero: en el Señor que da nuevas fuerzas cada mañana. En un mundo que cambia constantemente, hay algo que nunca pasa de moda: la necesidad de confiar en Dios. Su fortaleza no envejece; su gracia siempre es nueva.
Señor, estamos agotados. Renueva nuestras fuerzas y levántanos para continuar con tu obra. Ponemos nuestra plena confianza en ti. Amén.