Eclesiastés 1:1-11
¿NADA NUEVO?
“¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido”. Eclesiastés 1:10
Hace un tiempo, escuché a un joven hablar con frustración sobre su matrimonio: —“¡Nada cambia! Todos los días es lo mismo. ¡Siempre los mismos problemas!”— Su voz estaba llena de cansancio y desesperanza. ¿Te has sentido así alguna vez? Tal vez atrapado en una rutina que parece no tener fin, en un trabajo sin futuro, en una relación difícil o en una situación que no mejora por más que lo intentes. El pecado tiene esa capacidad: promete algo diferente, pero termina repitiendo el mismo ciclo de decepción y dolor.
El libro de Eclesiastés retrata con honestidad esta sensación. Nos recuerda lo frágil que es la vida humana y lo efímeros que son nuestros esfuerzos. Incluso cuando todo parece ir bien, hay algo que nos devuelve a la realidad: las enfermedades, los conflictos, las pérdidas o las limitaciones propias del tiempo. Vivimos buscando lo “nuevo”, pero muchas veces terminamos dando vueltas en los mismos círculos.
Dios es el único que puede romper ese ciclo. Él lo hace a través de su Palabra viva, Jesucristo, que existía desde el principio (Juan 1:1–5, 14). En Él encontramos un nuevo comienzo, una nueva vida y una esperanza que no se desgasta con el tiempo. Reconocer nuestra incapacidad para cambiar por nosotros mismos no es derrota; es el primer paso para recibir el regalo de la gracia de Dios: una vida transformada desde adentro.
Padre celestial, reconocemos que no hay cambio sin ti. Estamos necesitados de ti; ayúdanos, transforma nuestra vida y úsala para tu gloria. Por amor a Jesús. Amén.