Isaías 61:1
DESPUÉS DE LA FIESTA…
“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos…” Isaías 61:1
La música ha cesado, los regalos ya se abrieron, y muchos han vuelto a la rutina. ¿Y ahora qué? ¿Qué queda después de la fiesta? Isaías nos recuerda que el verdadero regalo de Navidad no se guarda bajo un árbol ni se desvanece con el paso de las horas. El verdadero regalo es una Persona: el Ungido, el Mesías, enviado por Dios. Su misión no fue entretener ni impresionar, sino traer buenas noticias a quienes más las necesitan: los abatidos, los quebrantados, los que sienten que no pueden más.
Cristo es el centro del evangelio. Sin Él, no hay esperanza duradera. Podemos celebrar, podemos adornar, pero si Él no está en el centro, el alma sigue vacía. Isaías no describe a un héroe solitario, sino a un Siervo enviado por Dios, lleno del Espíritu, en perfecta comunión con el Padre. Por eso mismo, Jesús eligió este pasaje para inaugurar su ministerio público: fue su declaración de misión. Con esas palabras, anunció que el Reino había llegado… y que el evangelio estaba en marcha.
Lo más hermoso de este pasaje es a quién va dirigido ese mensaje: a los quebrantados, no a los poderosos; a los humildes, no a los autosuficientes. Nadie queda fuera. El evangelio no es para los que tienen todo resuelto, sino para los que saben que no pueden solos. ¿Terminó la Navidad? Tal vez sí, pero no terminó la buena noticia. Hoy, el Ungido sigue obrando.
Señor Jesús, gracias por venir como el Salvador eterno. Que tu Espíritu nos consuele y nos recuerde que aún después de la fiesta, tú sigues siendo nuestra esperanza. Amén.