Romanos 1:18-32
LA CREACIÓN COMO TESTIGO
“Pues lo invisible de Dios se puede llegar a conocer, si se reflexiona en lo que él ha hecho… desde que el mundo fue creado, claramente se ha podido ver que él es Dios”.
Romanos 1:20
Cada vez que contemplamos la creación, la belleza y el perfecto orden en su funcionamiento, nos quedamos asombrados. Resulta casi imposible imaginar que este vasto universo haya salido de la nada, y un pensamiento se impone: hay un Creador que sustenta, dirige y gobierna todas las cosas para su gloria. Por ello, no hay excusa para quienes niegan que esta obra maravillosa nos habla de un Creador sabio y bueno.
Dios se revela de manera extraordinaria a través de la creación, una revelación que los seres humanos son capaces de percibir y admirar. El salmista, lleno de asombro, exclama: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Salmo 8:3-4). ¿Qué pensamientos invaden tu mente al contemplar los cielos, la luna y las estrellas? Ante tal majestuosidad el salmista reflexiona en torno al ser humano y el gran privilegio que goza de haber sido colocado como mayordomo de la creación.
Lo único que podemos hacer es reconocer que la creación refleja la perfección y majestad de nuestro Dios, llevándonos a caer de rodillas en reverencia y adoración. Su grandeza está inscrita en cada detalle, invitándonos a rendirle gloria con humildad y asombro. No olvide de alabar hoy al Dios creador.
Gracias Señor, por ocuparte de mí y de la humanidad. Gracias porque me hablas a través de la creación, la cual muestra tu grandeza. Recibe mi adoración. Por Cristo tu Hijo amado. Amén.