Éxodo 5:1-14
¿CON QUÉ DERECHO?
“Pero el faraón contestó: —¿Y quién es "el Señor", para que yo le obedezca y deje ir a los israelitas?” Éxodo 5:2
Seguramente, en algún momento te has encontrado con alguien que se atreve a cuestionar el derecho de Dios a demandar nuestra obediencia. A veces fingen no conocer al Señor, y, otras, rechazan abiertamente su autoridad sobre los seres humanos. El pasaje de hoy es un ejemplo claro. Dios envía por medio de Moisés y Aarón un mensaje al Faraón. Pero el rey de Egipto se enfrenta a los hombres de Dios con una pregunta tajante: "¿Y quién es el Señor para que yo le obedezca?".
Los seres humanos actúan con frecuencia de esta forma, especialmente si ocupan un lugar de autoridad. El puesto les otorga un aire de superioridad y autosuficiencia, haciéndoles mostrarse poco dispuestos a escuchar la voz del Señor. Esto es lo que encontramos repetidamente en el libro del Éxodo. Pero una lectura rápida nos permite percatarnos de la manera en que Dios responde a la desfachatez del faraón: con diez plagas espantosas. Moisés y Aarón intentaron en vano convencer al rey de Egipto, pues éste no quiso escuchar ni someterse a las órdenes de otro señor.
Las cosas no parecen haber cambiado mucho. Los líderes mundiales se niegan a escuchar la voz de Dios y, mucho menos, a adoptar principios bíblicos que beneficien a sus naciones. No es algo recomendable, pues "la mayor sabiduría consiste en honrar al Señor; los que lo honran tienen buen juicio" (Salmo 111:10).
Háblame, Señor, estoy atento a tu voz. Haz de mí un hijo obediente y sumiso, que esté dispuesto a cumplir tu voluntad. En Cristo Jesús, amén.