Hageo 1:1-13
UN DIOS CONTENTO
“Vayan a las montañas, traigan madera y construyan de nuevo el templo. Yo estaré allí contento, y mostraré mi gloria”. Hageo 1:8
Todos necesitamos un lugar donde podamos reunirnos para adorar a nuestro Dios en comunidad. Más que eso, somos llamados a involucrarnos activamente en el cuidado, mantenimiento y honra de la casa de Dios, demostrando nuestro celo por lo que es santo. El templo es un lugar sagrado, un espacio donde Dios nos espera con los brazos abiertos, sin importar el día o la hora en que decidamos acercarnos a Él. No hay mayor privilegio ni mejor lugar para estar que en la casa del Señor, donde su presencia transforma y renueva nuestras vidas.
Es verdad que Dios está en todas partes y que debemos evitar idolatrar nuestro lugar de reunión. Sin embargo, esto no es una excusa válida para aquello que han adoptado el hábito de no congregarse públicamente (Hebreos 10:25). Como cuerpo de Cristo, somos miembros los unos de los otros, llamados a vivir en comunión y a edificarnos mutuamente en la fe. Además, la Biblia nos enseña que Dios se deleita en medio de la alabanza sincera de su pueblo (Salmo 22:3), y congregarnos es una oportunidad única para experimentar juntos su presencia y glorificar su nombre.
El pasaje de hoy es muy hermoso. ¿Qué es lo que alegra el corazón de Dios y lo impulsa a mostrar su gloria? No es la madera o los ladrillos, sino las piedras vivas que componen su pueblo. ¿Ha pensado en alguien a quien invitar para que se una a la adoración?
Pon en mi corazón, Señor, el deseo de estar en tu casa de oración. Llévame ahí con un corazón deseoso de comunión contigo. En el nombre de Jesús, amén.