Juan 4:5-26
EL POZO DE LA SALVACIÓN
“La mujer le dijo: Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua, y el pozo es muy hondo: ¿de dónde vas a darme agua viva?”.
Juan 4:11
¡Qué difícil puede ser para algunas personas comprender el mensaje de salvación! En lugar de admitir su profunda necesidad de amor y perdón, optan por refugiarse en cuestionamientos interminables o por evitar confrontar las heridas que llevan dentro. Buscan llenar su vacío con alternativas pasajeras, como una botella de licor o el consumo desmedido de pornografía, rechazando el único remedio capaz de sanar verdaderamente su alma.
La hora en que esta mujer se acerca al pozo sugiere que buscaba evitar el contacto social. Todo indica que su reputación no era buena, ya que su estilo de vida era inusual para las costumbres de la época. “Has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes no es tu marido” (Jn. 4:18), le dice Jesús, poniendo al descubierto su situación. Sin embargo, a pesar de sus fracasos y su condición de marginación, la mujer se resiste a aceptar lo evidente: es ella quien necesita desesperadamente el agua viva que Jesús le ofrece, mucho más que Jesús del agua del pozo que ella intenta retener.
El mensaje de Jesús a la mujer samaritana es el mismo que Él tiene para ti hoy: ven y bebe del agua viva. Este es un llamado para todos los que están cansados, vacíos y sedientos de algo más profundo. Jesús te invita a dejar de buscar satisfacción en las cosas pasajeras del mundo y a acudir a Él, donde encontrarás la verdadera vida.
Señor, dame de beber del agua que salta para vida eterna. Cambia la historia de mi vida como lo hiciste con la historia de la mujer de Samaria. En tu nombre oramos, amén.