Juan 1:43-51
SENTADO DEBAJO DE LA HIGUERA
“Natanael le preguntó: ¿Cómo es que me conoces? Jesús le respondió: Te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera”.
Juan 1:48
¡Qué invitación más especial! Jesús se encuentra con Felipe y le dice: “sígueme”. Un paseo con Jesús debe bastar para conocer a la persona más famosa de la historia. Entusiasmado, Felipe ve a Natanael y le dice que había encontrado al Mesías prometido. Su reacción no fue la mejor: “¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?”. Pero Jesús también tenía en su agenda al amigo de Felipe.
Natanael tenía su higuera, nosotros tenemos la nuestra. La incredulidad que muestra ante el Maestro se ve correspondida por una avalancha de amor. Si Natanael se sorprende no es solo por la capacidad de ver de Jesús. Su ubicación es la menor de sus preocupaciones. Cristo sabe exactamente por qué está allí abajo, lo que pasa en su corazón. Muchas veces nosotros también estamos así: bajo una higuera, a la sombra de la existencia. Primero nos agachamos, luego nos acomodamos y finalmente nos instalamos en las sombras. Nuestra mente se agita y el corazón se encoge.
El Señor conoce los latidos del corazón de Natanael, cada una de sus preocupaciones. En aquel momento Natanael cambió, sin darse cuenta, la sombra del árbol por la sombra del Todopoderoso; la sombra de la higuera por la sombra de la Vid. Te invito a hacer lo mismo. Jesús te promete, como lo hizo a Natanael: “Pues vas a ver cosas más grandes que éstas” (Juan 1:50). ¿Estás dispuesto a seguirlo?
Perdóname, Padre, si he dudado de tu hijo. Limpia mi corazón para que pueda habitar bajo tu sombra y seguirte. Por el amor de Jesús, amén.