Marcos 5:1-14
LA IMAGEN DEL CAOS
“Este hombre había salido de entre las tumbas, porque vivía en ellas. Nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas”.
Marcos 5:3
Pocos relatos en la Biblia presentan una situación tan deplorable. Se trata de un hombre que vive en los sepulcros, en compañía de la muerte. Huele a cadáver y su mirada parece del más allá. Su vida es un caos total, al grado que, por dondequiera que ande, es imposible transitar. Han intentado sin éxito ponerle grilletes, de modo que él sigue siendo una amenaza para los demás y un peligro para sí mismo, pues tiende a lastimarse con las piedras. Estamos hablando de una marioneta del diablo, un títere del mal.
Los cristianos conocemos muy bien esta historia: es el endemoniado gadareno. Legión es el nombre de la fuerza del mal que se apoderó de él. Una legión equivale a seis mil soldados. Pero cuando ya parecía que no había esperanza para este hombre, Jesús aparece en la orilla del mar, en la tierra de los gadarenos.
¿Qué hace Jesús con aquel hombre? Nuestro Salvador no llama la atención con juegos pirotécnicos, ni hace algún alboroto para que la gente se fije en él. No convierte la liberación de aquel hombre en una oportunidad para sacar provecho. Al contrario, basta una orden directa: “Sal de este hombre, espíritu inmundo” y se lleva a cabo una visible derrota de las tinieblas. Jesús es especialista en cambiar esta imagen viva del caos. Cuando llega, la historia cambia: el hombre está sentado, vestido y en su sano juicio.
Gracias, Señor, por las muchas veces que has librado al hombre de un destino fatal. Sé nuestro escudo cada día y ampáranos de todo mal. En Jesucristo, tu Hijo, amén.