Marcos 5:21-23, 35-43
CARGO Y CARGA
“En esto llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, que al ver a Jesús se echó a sus pies y le rogó mucho, diciéndole: —Mi hija se está muriendo”.
Marcos 5:22-23
Cargo y carga. Dos palabras que se escriben casi igual pero muy diferentes en su significado. Jairo, el hombre del relato, tiene un cargo muy importante, es un líder religioso conocido (Mc 5:22). Pero tiene también una carga bastante pesada: su preciosa hija está a punto de morir. Su alta posición no es suficiente para garantizar la vida de alguien a quien tanto ama. Y qué desesperante puede ser que, aun cuando Cristo nos ofrezca librarnos de la carga, los obstáculos se acumulen en el camino.
En primer lugar, en el camino una mujer detiene a Jesús. Ella ha estado sufriendo una enfermedad durante doce años, el tiempo de vida de la hija de Jairo. Después, gente de la casa sale a darles la noticia de que la niña ha muerto. Finalmente, Jesús es interrumpido por la burla de los que se reían de sus palabras. Solo imagina cómo debía sentirse Jairo con todo esto.
No es sólo ahora que la gente por distintas motivaciones intenta impedir que Jesús actúe. Sin embargo, no hay nada que pueda detenerle. Los obstáculos en el camino revelan aún más su soberanía absoluta sobre todo y sobre todos. El Salvador hace algo sobrenatural: “Muchacha, a ti te digo, levántate” (Marcos 5:41). Es evidente que nada de esto hubiera sucedido si Jesús se hubiera negado a ir con él. La dulce compañía de Jesús, independientemente del cargo que ocupes, siempre aligera la carga.
Te agradecemos, Padre, por aligerar nuestra carga. Bendice nuestros cargos dentro de la iglesia y trabajo, y permite que seamos testigos tuyos donde quiera que vayamos. En Jesús, amén.