Marcos 4:35-41
LA CLAVE DEL DESCANSO
“Pero Jesús se había dormido en la parte de atrás, apoyado sobre una almohada”.
Marcos 4:38
Quizá ha oído hablar de que, mientras sus discípulos enfrentan una gran tormenta, Jesús duerme tranquilamente. Lo que a veces se pasa por alto es que el relato menciona el instrumento que sirve para que el Señor repose su cabeza: una almohada. Ahora bien, ¿qué tenía esta almohada que permitía a Jesús desconectarse del ruido del viento?
Me pregunto qué diría tu almohada de los momentos en que te dispones a descansar. ¿Duermes con intranquilidad, dolor o temor? o, ¿sientes paz y alegría aun en medio de las tormentas? Como bien sabemos, el cansancio puede quitar algo muy especial de nosotros: el brillo de nuestros ojos. El ritmo acelerado de nuestras vidas nos lleva a olvidar la dicha de tener una buena almohada. Tal vez no necesites que tenga plumas de ganso, pero sí que sea suave para sentir paz y seguridad.
En ocasiones, como en el caso de Jacob, hasta una piedra puede ser útil. Tal vez no fuera lo más cómodo, pero durmió y soñó (Génesis 28:18). Quiero animarte a que encuentres descanso. La invitación de Jesús, “vengan a mí” sigue siendo válida para todos los que estamos cansados y agobiados (Mt. 11:28). Algunas de las tormentas de la vida tardan en pasar; pero no dejes que te quiten el sueño. Haz de la fe tu almohada y verás que una buena noche de sueño puede arreglar muchas cosas (al menos en nuestro interior).
Perdóname Padre, porque aun estando tú a mi lado a veces vivo intranquilo. Aumenta mi fe y mi confianza en ti. Dame la seguridad de que tu presencia y tu poder dirigen mi vida. En Jesucristo, amén.