Marcos 3:1-6
EN EL CENTRO DE ATENCIÓN
“Jesús le dijo entonces al hombre que tenía la mano tullida: —Levántate y ponte ahí en medio”.
Marcos 3:3
Reseca, marchita, sin desarrollar, vacía, inútil. Todos estos adjetivos podrían caracterizar una de las manos de aquel hombre. Incrédulos, legalistas, traicioneros, duros de corazón. Todo esto podría caracterizar a los que “espiaban a Jesús para ver si lo sanaría en sábado, y así tener de qué acusarlo” (Mc. 3:2). Amoroso, poderoso, compasivo, misericordioso, justo y santo; esto es lo que caracteriza el corazón de Jesús.
Dios llama a aquel hombre a ponerse “en medio”, es decir, a dejar de ser un marginado. Significa que Jesús ha llegado, que el maestro de vida, el médico por excelencia ha entrado en la sinagoga. El hombre obedeció. Tenía la mano seca, pero no el corazón. Cuando oyó que Jesús le decía que extendiera la mano, actuó inmediatamente. Su mano estaba seca, pero su confianza en Jesús no. La restauración fue inmediata. Ante una orden del Santo de Dios, la decisión más inteligente es obedecer sin pestañear.
Y así fue. Nada se interpone en el camino de Jesús, nada detiene su acción, ni obstruye que manifieste su poder. La conspiración de los fariseos con los herodianos no le detuvo, el plan para quitarle la vida no le amedrentó. Él es el Señor del sábado (Mateo 12:8). Él es santo (Isaías 6:3), inmutable (Stg. 1:7), omnipotente (Ap. 19:6) y soberano (Efesios 1:11). Con estas acreditaciones, ninguna mano puede permanecer seca.
Te alabamos, Señor, porque contigo presente sabemos que la orilla no nos corresponde. No somos más marginados, sino copartícipes de tu glorioso reino. Bendito seas, amén.