Daniel 3:8-30
TESTIGOS DEL REY: ENFRENTANDO LA ADVERSIDAD
“¡Alabado sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió a su ángel para salvar a sus siervos fieles…”
Daniel 3:28
Sadrac, Mesac y Abed-nego sabían que su primera lealtad era a Dios y que sólo debían adorarle a él. El rey de Babilonia no reconocía ninguna autoridad por encima de él, y reclamaría la adoración para sí mismo. Con ese fin, mandó a construir una gran estatua y ordenó que todos se inclinaran y adoraran su imagen o enfrentarían la pena capital en un horno ardiente.
Sadrac, Mesac y Abed-nego estaban dispuestos a enfrentarse a la ira del rey e, incluso, a morir en caso de ser necesario. Preferían esto antes que negar a su Padre celestial, a cuya imagen habían sido creados. Se enfrentaron a la adversidad con valentía y le enseñaron así al rey lo que significa ser fieles a sus convicciones. Sus palabras son también un testimonio invaluable para nosotros: “Nuestro Dios, a quien adoramos, puede librarnos de las llamas del horno… Pero, aun si no lo hiciera, sepa bien Su Majestad que no adoraremos a sus dioses ni nos arrodillaremos ante la estatua de oro”.
Esta declaración enfureció tanto al rey que elevó la temperatura del horno hasta el punto de que los soldados a cargo de estos hombres murieron por el calor. Pero Dios protegió a sus siervos del fuego y les permitió salir ilesos del horno. Después del dramático rescate de sus súbditos, el rey cambió de opinión y alabó a Dios. La fidelidad de estos hombres sirvió de testimonio al propio rey.
Padre, danos el valor de ser fieles en la adversidad. Haznos reflejar tu imagen incluso en los momentos difíciles. En Cristo, Amén.