30 de junio del 2024
Ezequiel 33:1-9
MENSAJE URGENTE
“Y si tú avisares al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se apartare de su camino, él morirá por su pecado, pero tú libraste tu vida”. Ezequiel 33:9
¿Con qué tanta urgencia ve usted la necesidad de predicar las buenas nuevas de Jesucristo a quienes no las conocen? En la iglesia se le conoce como la Gran comisión, pero a veces parece más bien la gran omisión. Son muchos los pretextos que encontramos a la hora de postergar, rehuir o ignorar este claro mandato de Cristo. No nos preocupa el peligro al que se exponen quienes aún no conocen de Cristo. Es cierto que algunos no querrán escuchar o incluso pueden responder con hostilidad, pero no debemos permitir que eso nos detenga. Pero confiamos plenamente en que la semilla de la palabra de Dios puede caer en terreno fértil y dar fruto, incluso en los corazones más endurecidos. Nosotros también estamos bajo una gran responsabilidad: Si no amonestamos al extraviado, “su sangre yo la demandaré de tu mano”, dice el Señor. Hay que ser fieles mensajeros, compartiendo con amor y paciencia las enseñanzas de Cristo. A través de nuestras palabras, podemos hablar del poder transformador del amor divino. Ante el rechazo, no debemos renunciar a compartir la esperanza y salvación que Cristo ofrece. Debemos ser firmes en nuestra fe y llevar las buenas nuevas a todos, sabiendo que Dios obrará en los corazones de aquellos que están abiertos a recibir su amor. ¿Hay alguien cerca de usted que necesita escuchar este mensaje hoy?
Gracias Dios, por esta oportunidad de ser portadores de tu Palabra; dame la sabiduría para hablarle a mis amigos acerca de la salvación y la vida eterna. En Jesucristo, Amén.
No es fácil asimilar la manera en que toda una civilización se desintegra ante nuestros propios ojos. La fe cristiana se ve arrinconada cada vez más, y nuevas ideologías están intentado acabar de una vez con ella. Y, tristemente, muchos cristianos no están preparados para enfrentar este ambiente de confusión y engaño. La situación no es muy distinta a la que vivió el profeta Jeremías. Él fue testigo de la apostasía y exilio del pueblo de Dios, y fue el encargado de predicar contra sus mismos compatriotas poniendo en riesgo su vida. Su mensaje penetrante y confrontador se combina con un llamado al arrepentimiento, y la esperanza de que Dios tiene tiempos mejores para su pueblo. Esperamos que ese mensaje llegue al corazón de nuestros lectores de Cada día.
Samuel Olán
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales