06 de junio del 2024
Jeremías 7:16-21
LA RUTA DE LA VERGÜENZA
“Pero más que ofenderme a mí, se ofenden a sí mismos, para su propia vergüenza. Yo, el Señor, lo afirmo”. Jeremías 7:19
¿Cree usted que Dios haya cambiado de parecer en cuanto a los ídolos? En tiempos antiguos él hizo patente su descontento contra ese tipo de prácticas, bastante comunes y evidentes en las culturas circundantes. El pueblo de Israel fue también detrás de esas deidades, y eso provocó la ira del único Dios verdadero. Pero ¿quién es el que sale dañado realmente cuando la idolatría haya lugar en nuestros corazones? La respuesta de Dios es tajante: “más que ofenderme a mí, se ofenden a sí mismos, para su propia vergüenza”. Son advertencias que siguen vigentes para nosotros. Los efectos de la idolatría y la adoración falsa no cambian: más que ofender a Dios, es a nosotros a quienes degrada y trae vergüenza. La razón es bastante sencilla: los seres humanos fuimos creados para adorar al Dios creador, no a la criatura. Cuando le damos esa adoración a algo creado, como seres humanos nos rebajamos, por así decirlo, pues, Dios colocó al ser humano para reinar sobre la creación. Lo que sí sorprende es que con advertencias tan claras haya gente que prefiera este camino de la vergüenza, a pesar de la insatisfacción y desilusión que produce. ¿Duda que algo así le pueda ocurrir a usted? Solo mire la rúbrica que aparece al calce: “Yo, el Señor lo afirmo”. Así que, es de sabios rectificar, y volvamos a aquel que nos garantiza una vida de bendición.
Bendito Señor, ayúdame a tomar en serio tus advertencias. Dame el discernimiento para descubrir los ídolos en mi vida que solo traen vergüenza. En el nombre de Cristo, Amén.
No es fácil asimilar la manera en que toda una civilización se desintegra ante nuestros propios ojos. La fe cristiana se ve arrinconada cada vez más, y nuevas ideologías están intentado acabar de una vez con ella. Y, tristemente, muchos cristianos no están preparados para enfrentar este ambiente de confusión y engaño. La situación no es muy distinta a la que vivió el profeta Jeremías. Él fue testigo de la apostasía y exilio del pueblo de Dios, y fue el encargado de predicar contra sus mismos compatriotas poniendo en riesgo su vida. Su mensaje penetrante y confrontador se combina con un llamado al arrepentimiento, y la esperanza de que Dios tiene tiempos mejores para su pueblo. Esperamos que ese mensaje llegue al corazón de nuestros lectores de Cada día.
Samuel Olán
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales