Jeremías 32:25-29
DIOS DE LO IMPOSIBLE
“Yo soy el Señor, el Dios de todo ser viviente. Nada hay imposible para mí”.
Jeremías 32:27
No hay nada imposible para Dios. Quienes creen en Dios atesoran esta verdad, y, seguramente, en algún momento para usted ha sido muy significativa. Cuando enfrenta un diagnóstico adverso o una crisis familiar al parecer interminable, la convicción de que no hay nada imposible para Dios nos da fuerzas para seguir adelante. Y es la misma verdad que nos sostiene al observar el panorama social y ecológico tan desalentador que amenaza al planeta entero.
Esa es la verdad a la que se aferra Jeremías al elevar su oración a Dios (32:17). El Dios creador, el que liberó a Israel de la tierra de Egipto, el Dios grande en misericordia puede seguramente ayudar a su pueblo ante la amenaza latente de los caldeos. ¿Cuál es la respuesta de Dios? ¡Claro que puedo! Pero si nada es imposible para mí, también puedo castigarlos por su desobediencia.
Éste es un pensamiento que puede resultar algo incómodo para muchos que ven solo a Dios como una figura bonachona y condescendiente. El pueblo de Israel cometió ese error y lo mismo sucede con muchas personas. Creen que pueden vivir como deseen, al fin y al cabo, Dios es amor, y no los va a castigar. Pero este pasaje nos enseña a ver no solo una faceta de Dios, sino a ponderar su carácter y el nuestro. No desconfiemos de su poder, pero tampoco nos confiemos al andar en los malos caminos.
Padre celestial, gracias porque ante nuestra fragilidad nos ayudas a sobrellevar toda situación. Eres Dios grande y nada hay imposible para ti. En Cristo oramos. Amén.