Jeremías 31:31-35
LA LEY EN EL NUEVO PACTO
“Pondré mi ley en su corazón y la escribiré en su mente. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.
Jeremías 31:33
¿Qué tanto aprecia usted la ley de Dios? Porque existe mucha gente que concibe la libertad como una vida sin normas y sin limitantes. De allí que cuando escuchan que se habla de la ley en forma positiva reaccionan con intranquilidad. ¡Qué contraste con el aprecio que la Biblia demuestra hacia la ley de Dios! Y no es algo difícil de entender, pues nada más saber que emana de un Dios bueno, justo y sabio, dirige a uno de los salmistas a exclamar, “¡Oh, cuánto amo yo tu ley!” (Salmo 119:97 RVR 60).
El problema no es la ley, decía el apóstol Pablo, sino nuestra incapacidad para cumplir con ella. Por eso, es alentador encontrar una promesa divina que nos asegura una nueva forma de lidiar con esta dificultad. ¡Dios promete poner su ley en su corazón y escribirla en su mente! La ley de Dios va más allá de normas escritas; debe ser sentida en nuestros corazones y entendida en nuestras mentes. Vincular el sentimiento y la razón en relación con la ley divina es esencial para vivir una vida espiritual plena y significativa.
Esta es una bendición con la que cuentan los creyentes del nuevo pacto. Dios cumple en ellos la posibilidad de vivir en armonía con su voluntad y en una relación íntima con él. Y qué maravilloso es también saber que no tenemos que cumplir esa ley de manera perfecta, pues, en Cristo, Dios ha perdonado nuestra iniquidad.
Te damos gracias Padre celestial, por darnos tu ley justa y santa, y la capacidad para cumplirla. Permite que a través de ella viva más acorde a tu voluntad. En Jesucristo, Amén.