Jeremías 17:12-16
SANO Y SALVO
“Sáname tú, Señor, y seré sanado; sálvame tú, y seré salvado, pues sólo a ti te alabo”.
Jeremías 17:14
¿Le resulta extraño este ruego de un profeta de Dios por sanidad y salvación? Si es de quienes creen que la vida cristiana es un lecho de rosas quizá pueda tomarle por sorpresa, pero para quienes su peregrinaje en la fe ha sido algo desafiante tal vez se sientan identificados con la súplica de Jeremías. En ocasiones, podemos llegar a sufrir el rechazo y la burla por presentar el mensaje de Cristo o por manifestar nuestra desaprobación de la conducta de otros. En lugar de permitir que el desaliento o la amargura hallen cabida en nuestros corazones, debemos confiar la salud de nuestra alma al divino médico, quien es objeto de nuestra devoción.
Por supuesto que hay quienes se ven tentados a buscar alivio en lo material y pasajero en lugar de acudir a la presencia de Dios para renovar sus fuerzas. Solo Dios es la fuente de todo amor, comprensión y poder infinito. Al depositar nuestra confianza en Dios, encontramos paz, esperanza y fortaleza para enfrentar las dificultades de la vida.
El ejemplo de Jeremías nos recuerda que no estamos solos en este viaje, y que siempre podemos acudir a una presencia amorosa y compasiva en tiempos de necesidad. Al alabar a Dios y depositar nuestra confianza en Él, encontramos la sanación del alma y la salvación eterna que nos brinda paz y plenitud duraderas.
Gracias Dios por tu misericordia para sanarme y salvarme. Te alabo porque siempre estás conmigo y porque cada momento de prueba es bendición a mi vida. En Jesucristo. Amén.