10 de abril del 2024
Gálatas 5:22-26
LO QUE SIEMBRAS, COSECHAS
“No seamos orgullosos, ni sembremos rivalidades y envidias entre nosotros”. Gálatas 5:26
Un cristiano engreído, ¿puede usted imaginarlo? Suena tan incongruente como cuando se habla de un ladrón honesto o un filósofo ignorante. Hasta pudiera pensarse que cualquier advertencia contra el orgullo en la familia de Dios sería innecesaria, pero no es así. En nosotros todavía residen restos de pecado y el orgullo y sus efectos son unos de los más persistentes. Se trata de emociones destructivas tanto para los que nos rodean como para nosotros mismos. Pero el cristiano no está a la deriva cuando se trata de la lucha contra nuestra vieja naturaleza. Es una lucha cruenta en la que Pablo nos asegura que el viejo yo ha sido crucificado y ya no debe ser la fuente de nuestro comportamiento. En cambio, el fruto del Espíritu debe ser evidente en toda nuestra vida, impregnando nuestras relaciones. ¿Cuál es la mejor manera de evitar la vanagloria y la envidia? El antídoto divino es a través de la obra de su Santo Espíritu en nuestras vidas. En lugar de sembrar rivalidades, el Espíritu produce frutos como “el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la humildad y el dominio propio”. ¿Cultiva el fruto del Espíritu, o se aferra a la vanagloria, la ira y la envidia? Dios quiere cultivar estas virtudes en tu vida para que otros sean bendecidos y lo encuentren también a Él.
Señor, ayúdanos a desprendernos de nuestra naturaleza pecaminosa y a aprender a vivir una vida llena del Espíritu. Haz que tu fruto sea evidente en nuestras vidas para que otros puedan ser bendecidos. Amén.
Mark Twain dijo, “Muchas personas se molestan por esos pasajes de la Escritura que no entienden, pero los pasajes que me molestan son esos que sí entiendo.” En otras palabras, tratar de vivir por lo menos con los mandamientos más básicos de la Biblia puede ser abrumador. En las clases prematrimoniales nosotros alentamos a las parejas a comenzar por las cosas que son claras: amarse el uno al otro, perdonarse el uno al otro, cuidarse mutuamente, apoyarse mutuamente, llevar las cargas el uno del otro. Nosotros animamos a la gente a ver las maneras en que Dios nos llama a interactuar con todos los “unos a otros” en nuestras vidas. Es muy claro que Dios se preocupa profundamente por nuestras relaciones. Una vez que comenzamos a entender nuestra relación con nuestro Creador y Redentor, el próximo paso es amar a nuestro prójimo. Jesús nos dice en Mateo 22:37-38 que el primer mandamiento es amar al Señor con todo nuestro corazón, mente y alma. Y el segundo es similar: nuestro amor por Dios debe llegar a nuestro prójimo. Esperamos que ustedes sean animados a dejar que el amor de Jesús fluya en todas sus relaciones. Él tiene el poder para cambiar los corazones.
Steven y Deb Koster
Steven y Deb Koster sienten pasión por los matrimonios, las familias y el crecimiento espiritual en el hogar. Ambos trabajan en la Iglesia Cristiana Reformada en América del Norte. Steven y Deb Koster tienen tres hijos.