Colosenses 3:1-11
UNA NUEVA VESTIDURA
“No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo”.
Colosenses 3:9-10
Los cristianos disfrutamos de una nueva vestidura. No se trata de una ropa de segunda mano o de una vestimenta descosida y deteriorada. No es tampoco un ropaje que pueda conseguir en cualquier lugar. Se trata de un traje apropiado para la nueva vida a la que hemos sido llamados y es Dios mismo quien se ha encargado del diseño y de suministrarla a sus hijos.
Así como en la escuela o el trabajo, un uniforme distingue a sus integrantes, la vestimenta también distingue a los hijos de Dios. Hace una diferencia con el pasado como cuando un jugador llega a defender los colores de un nuevo equipo. Y no es cuestión de si desea portarla o no; al contrario, es el regalo maravilloso de Dios para sus hijos. De aquí en adelante, esa vestimenta le identifica de manera especial como parte del cuerpo de Cristo.
Pero no se trata de algo que nos invita a la ostentación o el orgullo. Se trata más bien de revestirnos del carácter de Cristo, de ser semejantes a él en toda nuestra manera de vivir. Y nuestra alegría más grande debe ser cuando su imagen se vea más nítida en nosotros. Nuestras relaciones con los demás se ven beneficiadas por aquellos creyentes que portan este uniforme con dignidad. Porque saben a quién representan en su trato con otros, y su más grande anhelo es honrarle al actuar como un nuevo hombre y no de acuerdo a los dictados de la vieja naturaleza.
Señor, ayúdanos cada día a parecernos más a ti y a compartir tu semejanza con las personas que nos rodean. Que lleguen a conocerte mejor por haber pasado tiempo con nosotros. Amén.