1 Pedro 1:17-21
EL CORDERO ETERNO
“Cristo había sido destinado para esto desde antes que el mundo fuera creado, pero en estos tiempos últimos ha aparecido para bien de ustedes”.
1 Pedro 1:20
Jesús es el Cordero santo de Dios que quita el pecado del mundo. Él vino al mundo para morir por nuestros pecados. Su muerte no fue un accidente; no fue siquiera un plan B. Su misión estaba fijada en la eternidad. Aunque su muerte tuvo lugar hace casi 2000 años en una cruz en las afueras de Jerusalén, en la mente y el plan de Dios se puso en marcha desde antes de la creación del mundo. Cuando Dios planeó nuestra salvación, todavía no había universo ni tierra. Las estrellas aún no brillaban, ni el sol daba su luz.
Dios no titubeó ni un segundo, por así decirlo, al incluir el sacrificio de su Hijo en su plan de salvación, y su Hijo tampoco vaciló en aceptar la encomienda. Antes de la creación, en las profundidades de la eternidad, Dios ya había puesto su corazón en ti, y Jesús, el Hijo, fue elegido para ser inmolado en tu lugar, en tu nombre. Y si tú has creído es porque fuiste elegido para formar parte de la lista del libro de la vida desde la eternidad.
La cruz de Cristo no fue signo de derrota sino de triunfo. Jesús no murió como víctima o mártir, sino como Redentor. Y murió voluntariamente. Se entregó por ti y por mí, y fue elegido para esa misión desde la eternidad. Él glorificó al Padre en su muerte y ganó la redención eterna para nosotros. ¡Alabado sea nuestro Señor y Salvador, Jesucristo!
Santo Dios, nos asombra que la entrega voluntaria de Jesús haya sido planeada en la eternidad. Decidiste amarnos a cada uno de nosotros incluso antes de crear el mundo. Te damos gracias y te bendecimos, en el nombre de Jesús. Amén.