Isaías 53
EL CORDERO SILENCIOSO
“Fue maltratado, pero se sometió humildemente, y ni siquiera abrió la boca”.
Isaías 53:7
El profeta Isaías señala a Jesús unos setecientos años antes de su nacimiento. Él lo describe como un siervo sufriente de Dios al que “llevaron como cordero al matadero”, y, quien, durante ese momento doloroso “se quedó callado”. El Hijo de Dios fue “traspasado a causa de nuestra rebeldía” y “atormentado a causa de nuestras maldades”. Y “por sus heridas alcanzamos la salud”.
Fue despreciado y burlado. Fue llevado a la crucifixión bajo las maldiciones de una multitud sedienta de sangre, pero no devolvió maldición por maldición. Como un cordero silencioso, Jesús se ofreció a sí mismo como sacrificio por nuestro pecado. Soportó el dolor atroz de ser clavado en una cruz y levantado para morir a la vista de todos los que pasaban.
Aunque padeció terribles tormentos, menospreció la vergüenza de la cruz por el gozo que le esperaba (Hebreos 12:2). Aun cuando fue obediente hasta la muerte, soportó el golpe demoledor de la ley que nosotros merecíamos. A pesar de que él era el bendito, fue hecho para ser maldición por nosotros al tomar nuestro lugar. Él cargó con nuestros pecados y derramó su sangre para redimirnos del cautiverio y de una muerte segura. Su sufrimiento nos trajo alivio. Su muerte nos trajo vida. ¡Allí, en la cruz, Jesús abrió para nosotros la fuente inagotable de salvación!
Señor Dios, tu Hijo cargó los sufrimientos que deberían haber sido míos. Pero en ningún momento se quejó. Fue movido por el amor a recibir mi castigo para que yo tuviera paz. En él doy gracias. Amén.