Juan 1:29-34
EL CORDERO SUFICIENTE
“¡Miren, ése es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”.
Juan 1:29
Seguramente conoce algunos textos de la Biblia que hablan de un cordero que fue suficiente para ser sacrificado en lugar de alguien. En Génesis 22, Dios prueba la fe de Abraham al llamarlo a entregar a su único hijo, Isaac. Y cuando Isaac dice: “Tenemos la leña y el fuego, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?” Abraham responde: “Dios se encargará de que haya un cordero para el holocausto, hijito”. Y qué maravilloso es saber que Dios proveyó un carnero joven como sustituto de Isaac.
En Éxodo 12, el Cordero pascual, con su sangre pintada en los marcos de las puertas de las casas israelitas, fue un sustituto suficiente para salvar a Israel de la plaga de muerte de los primogénitos en Egipto. En Isaías 52-53, se habla del sacrificio voluntario del siervo de Dios, el cual por su fidelidad es llevado “como cordero al matadero”. Es un sacrificio suficiente para pagar por los pecados del pueblo de Dios de “muchas naciones” y llevar “la iniquidad de todos nosotros”.
Todos estos textos apuntan hacia Jesús, y en Juan 1:29 leemos que Jesús, el Cordero de Dios, es suficiente para quitar el pecado del mundo. El Cordero de Dios es suficientemente poderoso para salvar al mundo entero. Jesús, el único Hijo de Dios, murió para comprar con su sangre “gentes de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9).
Padre amoroso, la sangre de Jesús es suficiente para liberarme del pecado y limpiarme de toda maldad. Te alabo y te glorifico por tu gran amor por mí. En el nombre de Jesús, Amén.