Juan 8:31-36
ADICCIÓN: SEMILLAS DE LIBERTAD
“Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán verdaderamente libres”.
Juan 8:36
La adicción es un problema tan común hoy en día que mucha gente lo ve ya como algo normal. Pero, ¡cuidado! Las adicciones pueden comenzar de forma inocente, pero pronto llegan a ser destructivas. Lo que al principio parece ser divertido y agradable, llega a ser doloroso y nocivo. Jesús entiende el corazón del hombre mejor que nadie. Él comprende que todos tenemos tendencias adictivas dentro de nosotros. Nuestra tendencia natural es ser atraídos al engaño antes que a la verdad, hacia la oscuridad antes que a la luz, hacia la esclavitud antes que a la libertad.
En Juan 8:34 Jesús dice que todos somos esclavos del pecado, esclavos de un poder maligno que actúa en nuestro interior. Este poder engaña y destruye. La frase predilecta de los adictos es la misma: “Si yo quiero, puedo parar en cualquier momento”. Pero ahí está el engaño. No podemos librarnos del poder de hábitos y deseos pecaminosos por nuestra propia cuenta. Nosotros no controlamos al pecado, el pecado nos controla a nosotros. Es por eso que la Biblia lo llama esclavitud.
Jesús tiene el poder de romper el dominio del pecado en nuestras vidas. Él tiene la llave para abrir la puerta de la prisión y hacernos libres. La única manera en que podemos vencer ese control es entregando nuestra vida a Él. Solo cuando él tenga el timón de nuestro corazón seremos verdaderamente libres.
Señor, tú has dicho que la verdad nos hará libres. Al reclamar tú verdad y ceder todo el control a ti, líbrame de los pecados que me esclavizan. En tu nombre oro, amén.