Jonás 4:1-5
PREJUICIO: SEMILLAS DE AMOR
“Pues yo sé que tú eres Dios tierno y compasivo”.
Jonás 4:2
Jonás tenía un problema. Dios le había dado una maravillosa oportunidad: llevar a cabo una misión especial. Él quería usarlo como un instrumento para ayudar a salvar miles de vidas. No era una tarea sencilla ni atractiva, pues al pueblo que Dios le enviaba era Nínive, la ciudad más sanguinaria de su tiempo. Pero, aparte de eso, Jonás tenía prejuicios contra el pueblo de Nínive (vea Jonás 1:1-3). Él pensaba que no valía la pena salvarlos. Después de todo, eran habitantes de ciudad, y él era un muchacho del campo. Ellos eran gentiles impíos, y él un judío temeroso de Dios.
Prejuicios ocultos acechan todavía en el interior de muchos corazones hoy en día. A menudo, estos prejuicios surgen como resultado del temor o la ignorancia. Es muy fácil prejuzgar a alguien sin conocer toda su situación. ¿A cuál grupo de personas se te dificulta amar o aceptar? ¿Es al rico, al pobre, al educado, al ignorante? Quizás para ti sean los jóvenes, o los empresarios, o aquellos de un trasfondo racial diferente al tuyo. Tal vez sean los que no tienen hogar, el homosexual, o el alcohólico. En Cristo podemos aceptar a las personas por lo que son, sin necesariamente aprobar todo lo que hacen.
El corazón de Jonás no estaba en sintonía con el de Dios, y Jonás lo sabía. No estaba dispuesto a extender a otros la misma gracia que Dios le había extendido a él.
Señor, restaura mi corazón marchito con tu amor. Ayúdame a ver tu imagen en otros. Y permite que podamos reconocer que todas las personas son importantes para ti. En Cristo, Amén.