04 de enero del 2024
Génesis 2:7-9
ALIENTO DE VIDA
“Entonces Dios el Señor formó al hombre de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida”. Génesis 2:7
¿Se ha dado cuenta la manera en que el trabajo, los quehaceres de la casa, las amistades y la rutina nos absorben y nos distraen? Nos dedicamos a comprar cosas para encontrar satisfacción y llenar un vacío, creyendo que el nivel de vida mejora en proporción a nuestras posesiones. No nos damos cuenta que simplemente caemos en un círculo vicioso de trabajar, comprar y desechar. Y cuando creemos tenerlo todo nos sumergimos en un modo de vida artificial, en el que, desde las actividades manuales hasta las intelectuales se nos dan ya resueltas. ¿Se imagina el futuro que espera a una humanidad así? Vale la pena recordar el hermoso relato de la creación del hombre. Si bien no debemos olvidar que Dios nos hizo de algo material como la tierra, también estuvo involucrado un soplo divino. Somos seres dinámicos y creativos que no deben conformarse a las corrientes de este siglo. Tanto en el trabajo como en el hogar podemos expresar esa creatividad aun en cosas muy pequeñas, de modo que no caigamos en un estilo de vida robotizado. En Cristo, Dios nos recrea y renueva para no acomodarnos a este siglo. Sin dejar de poner los pies en la tierra, su Espíritu nos capacita para buscar las cosas de arriba, de modo que glorifiquemos a nuestro Padre celestial en todo lo que hacemos. Y esta es una bendición que podemos compartir con aquellos que no le conocen.
Dios mío, permite que desarrollemos ese espíritu creativo que nos has dado, y podamos así reflejar cómo son las personas renovadas a la imagen de tu Hijo. En su nombre, oramos, Amén.
La Biblia comienza con el relato de la creación, y, de igual modo, el Credo de los Apóstoles inicia con la afirmación: “Creo en Dios Padre Todopoderoso”. Dios mismo dijo de su obra que “Todo lo que había hecho era bueno en gran manera”. Aunque muchas veces tendemos a menospreciar esta creación, ésa no es la enseñanza bíblica en ningún momento. Sin embargo, sí tenemos que reconocer que vivimos en un mundo bajo los efectos del pecado. Y aun así, nuestra vida cotidiana debe estar marcada por el reconocimiento de que esas actividades también le importan a Dios. Aun si la tierra no responde a nuestros esfuerzos como era originalmente el diseño divino, nosotros estamos llamados a reflejar nuestra preocupación por darle la gloria a Dios en donde quiera que nos desenvolvamos. El devocional de este mes busca mostrarnos la forma en que los primeros pobladores de nuestro planeta lidiaron con esas dificultades, y aun así, encontraron maneras de relacionar sus actividades diarias con su servicio a Dios. Por eso, esperamos que al final usted pueda decir: ¡Qué hermoso es vivir en este mundo que Dios ha creado aun con todas sus dificultades!
Samuel Olán Pérez
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales.