18 de enero del 2024
Génesis 25:7-10
PREVIENDO EL FUTURO
“Este terreno era el que Abraham había comprado a los hititas. Allí fue sepultado Abraham junto a su esposa Sara”. Génesis 25:10
¿Ha pensado usted alguna vez dónde van a descansar sus restos después de partir de este mundo? Vivimos en un mundo tan agitado y en el que siempre andamos de prisa que no nos damos tiempo para pensar en algo así. Pero en este torbellino de actividades se tiene que hacer una pausa para pensar en dónde reposará nuestro cuerpo, y el de nuestra familia cercana. No sé cómo sea donde usted radica, pero los lotes en los cementerios públicos se han ido agotando y los precios en los panteones privados se han incrementado. Algo acerca de ser previsores podemos aprender de Abraham, el patriarca bíblico. La Biblia dice que él había comprado un terreno para sepultar a su esposa Sara, terreno que sirvió también para su sepultura. De acuerdo a un relato anterior se nos dice que él pagó 400 piezas de plata, “contante y sonante”, por el terreno que tenía una cueva y árboles (Génesis 23:16). El terreno pasó a ser propiedad de Abraham. Así como Abraham, tenemos que ser conscientes de que algún día habremos de morir y debemos prever para no dejar una carga a la familia. Si ya es adulto, ¿ha pensado en comprar un terreno, un lote que esté a su nombre, que evite contratiempos en momentos tan difíciles? Dios, en su infinita misericordia, nos brinda la oportunidad de pensar y actuar para asegurar la tranquilidad de los deudos.
Señor Jesucristo, guía mis pensamientos y mis acciones para que pueda prever donde habrá de quedar mi cuerpo, sabiendo que mi alma estará contigo. Amén.
La Biblia comienza con el relato de la creación, y, de igual modo, el Credo de los Apóstoles inicia con la afirmación: “Creo en Dios Padre Todopoderoso”. Dios mismo dijo de su obra que “Todo lo que había hecho era bueno en gran manera”. Aunque muchas veces tendemos a menospreciar esta creación, ésa no es la enseñanza bíblica en ningún momento. Sin embargo, sí tenemos que reconocer que vivimos en un mundo bajo los efectos del pecado. Y aun así, nuestra vida cotidiana debe estar marcada por el reconocimiento de que esas actividades también le importan a Dios. Aun si la tierra no responde a nuestros esfuerzos como era originalmente el diseño divino, nosotros estamos llamados a reflejar nuestra preocupación por darle la gloria a Dios en donde quiera que nos desenvolvamos. El devocional de este mes busca mostrarnos la forma en que los primeros pobladores de nuestro planeta lidiaron con esas dificultades, y aun así, encontraron maneras de relacionar sus actividades diarias con su servicio a Dios. Por eso, esperamos que al final usted pueda decir: ¡Qué hermoso es vivir en este mundo que Dios ha creado aun con todas sus dificultades!
Samuel Olán Pérez
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales.