Miqueas 5:1-5
PEQUEÑA CIUDAD DE GRANDES COMIENZOS
“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel”.
Miqueas 5:2
Si hubieras vivido en el primer siglo, este texto habría sonado extraño. Cuando los judíos hablaban de “subir” a Judea, el destino que tenían en mente era Jerusalén. Y cuando hablaban de una ciudad ligada al gran rey David, la que les venía a la mente era Jerusalén. Era en esta ciudad donde estaban el palacio y el templo. Jerusalén era el lugar de nacimiento natural de cualquier persona destinada a un trono.
Pero Miqueas habla aquí de un lugar de nacimiento diferente para este rey. Aunque Belén era “pequeña entre las familias de Judá”, era grande a los ojos de Dios. Belén ilustra el método de operación de Dios. “Lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte” (1 Corintios 1:27). ¿Por qué? “Para que nadie se gloríe delante de él” (1:29).
La jactancia se alimenta del orgullo. Subimos la escalera del éxito tirando a otros del peldaño que tenemos por delante. Queremos demostrar que somos gente grande. Pero en Navidad estamos en camino a Belén, no a Jerusalén. Muchos de nosotros luchamos porque no tenemos algo de qué jactarnos. Pero ¿puedo recordarles que Dios usa a personas cuyos nombres nunca aparecen en los periódicos para lograr grandes cosas para su reino? Lo entenderemos mejor cuando estemos ante el trono de Dios y le escuchemos decir, “¡Bien hecho!” por las cosas que realmente importan.
Señor, crucifica nuestro orgullo. Mantennos alejados de la manera en que el mundo define el éxito. Ayúdanos a vivir para escucharte decir, “¡bien hecho!”. Amén.