Filipenses 2:5-11
UN LUGAR VACÍO
“El cual, siendo en forma de Dios… se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”.
Filipenses 2:6-7
¿Hay, en realidad, algo en juego si negamos la encarnación de Cristo, la enseñanza de que el Hijo de Dios se hizo como uno de nosotros? Mucha gente que celebra la Navidad a su modo ni siquiera relacionan esta festividad con Jesucristo. Para ellos se trata simplemente de un tiempo de alegría y armonía y eso es todo. Pero hay también grupos cristianos que no tienen un concepto elevado de Cristo, y que solo lo ven como un gran maestro o un predicador amoroso. Pero no están dispuestos a reconocerlo como el Hijo de Dios encarnado.
Pero ellos están equivocados. Todo está en juego. ¿Qué cosa más importante hay en este mundo que la redención misma? Si hasta ahora hemos descubierto que el escándalo está presente en la historia de Navidad debe ser por algo. Parece tocar a todos los que se convierten en parte del drama de la venida de Cristo a este mundo. La razón es simple. Hay un escándalo profundo y poderoso en la historia de Navidad que toca a Dios mismo. Es el escándalo de un Dios que está dispuesto a venir a la tierra en carne humana. Es el escándalo de un Dios que está dispuesto a vaciarse y tomar la forma de un siervo. Es el escándalo, como lo describe un autor, del “¡Increíble Dios encogido!”.
Esto, de hecho, es el escándalo clave de la Navidad. Es el núcleo de la historia de Navidad. ¿Crees que por esta visita divina el mundo es redimido?
Señor, ayúdanos a dejar de lado nuestro orgullo y abrazar una humildad que refleje el sacrificio de tu Hijo. Permítenos aceptar la sabiduría de la encarnación. En Cristo, Amén.