Salmo 122:1-9
FELICIDAD EN LA CASA DE DIOS
“¡Qué alegría cuando me dicen: Vamos al templo del Señor!”.Salmo 122:1
Jesús tenía por costumbre ir a la sinagoga. La casa de Dios era uno de sus lugares favoritos y lo debiera ser también para nosotros. En el Salmo 84, que se atribuye a los hijos de Coré, el salmista dice que un día en los atrios de la casa de Dios es de mayor valor que mil días en los lugares de maldad. ¿Y ha sentido usted la misma emoción que se refleja en el inicio del salmo 122: “¡Qué alegría cuando me dicen: Vamos al templo del Señor!”?
En la casa de Dios tenemos tres encuentros importantes: nos encontramos con Dios, nos encontramos con nuestros hermanos y también con nosotros mismos. Cuando entramos en los atrios de la casa de Dios, nos encontramos en su presencia aun cuando no lo veamos. Esto no significa que el rey del universo sea limitado a un espacio, sino que este lugar ha sido designado especialmente para este encuentro. Allí contemplamos al Señor en la belleza de su santidad. Allí tenemos una comprensión de la fealdad de nuestro pecado y la belleza del perdón divino.
Es en la casa de Dios donde tenemos una comprensión más clara de la fugacidad de la vida y la necesidad de la gracia. Es en la presencia de Dios que tenemos plenitud de gozo, y delicias a su diestra para siempre. El salmista dice: “¡Felices los que viven en tu templo y te alaban sin cesar!”.
Señor, el pecado, mis errores y la autocompasión insisten en alejarme de tus atrios. Por eso te pido que renueves mi alegría de estar en tu casa. En el nombre de Jesús, amén.