Filipenses 4:10-20
FELICIDAD, APRENDIZAJE CONTINUO
“No lo digo porque yo esté necesitado, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo”.Filipenses 4:11
Una cárcel nos evoca más una jaula que un aula. Si lo que buscamos es formar el carácter, una prisión sería el último lugar que se nos vendría a la mente. Pero hubo grandes hombres de Dios que pisaron la cárcel, como José y el apóstol Pablo, y que, en lugar de renegar de su situación, obtuvieron preciosas lecciones de su tiempo en cautiverio.
En el caso del apóstol Pablo él se encontraba en un calabozo romano en la antecámara del martirio y con los pies en la tumba. Era un anciano y llevaba las marcas de Cristo en su cuerpo. Había pasado por pruebas y privaciones, pero lejos de permitir que la amargura inundara su corazón, sus palabras fueron: “He aprendido a contentarme con lo que tengo”.
La felicidad no es una realidad que está fuera de nosotros, sino una actitud que fluye desde nuestro interior. Hay gente que parece tenerlo todo, pero no tiene nada. Hay ricos pobres y pobres ricos. Hay individuos que están encadenados, pero sus corazones viven en el paraíso. Hay otros que pisan alfombras aterciopeladas, pero su alma vive en el tormento del infierno. La felicidad no es automática; es un aprendizaje. Somos felices cuando nuestra fuente de placer está en Dios y no en las cosas materiales, cuando nuestra alma se deleita en el proveedor y no en la provisión. ¡Dios, es la fuente de nuestra felicidad, no las cosas!
Gran Dios, fuente de todo bien, es posible sonreír en medio de la riqueza o de la pobreza cuando la satisfacción del alma está en ti. Que el Señor sea mi alegría. En el nombre de Jesús, Amén.