1 Timoteo 6:3-10
FELICIDAD EN ESTAR SATISFECHOS
“Porque nada trajimos a este mundo, y nada podremos llevarnos; si tenemos qué comer y con qué vestirnos, ya nos podemos dar por satisfechos”.1 Timoteo 6:7-8
Los libros sobre cómo hacerse rico llenan los estantes de las librerías y se consumen vorazmente. Es también el mensaje dominante que se predica desde algunos púlpitos cristianos. La idea principal consiste en que el dinero nos puede dar seguridad y felicidad. Muchos creen que el dinero es el puente a la isla de la fantasía, donde radica la felicidad.
Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación, y se atormentan dañándose a sí mismos. Muchos se han desviado de la fe en esta codicia desenfrenada. El apóstol Pablo dice que la piedad acompañada de contentamiento es una gran fuente de ganancia. Teniendo qué comer, qué beber y qué vestir, debemos estar contentos. Nuestra felicidad y nuestra seguridad no están en el dinero, sino en Dios.
¿Es, entonces, malo tener riquezas? Eso no es lo que el apóstol enseña. El dinero en sí mismo no es malo; es el amor al dinero la raíz de todos los males. Por eso, las Escrituras no descuidan la debida advertencia a los creyentes que han sido bendecidos materialmente. Pablo exhorta a los ricos a no confiar en la inestabilidad de las riquezas, sino en Dios. El dinero es bueno cuando lo poseemos, pero no cuando nos posee a nosotros. Es un buen servidor, pero un mal amo, y nos trae felicidad solo cuando lo distribuimos generosamente y no cuando lo retenemos con ambición.
Señor, tu Palabra dice que recoges mis lágrimas en un recipiente; y has registrado cada una de ellas en tu libro. Ruego por tu consuelo, oh Padre. Por Cristo, amén.