Filipenses 4:1-7
LA FELICIDAD ES ORDEN DE DIOS
“Alégrense siempre en el Señor. Repito: ¡Alégrense!”.Filipenses 4:4
La tristeza es la porción diaria de muchas personas. Ellas se alimentan de ajenjo, lloran de tristeza y van por la vida llenas de amargura con las personas a su alrededor y hasta con Dios. En este pasaje encontramos que fuimos creados para ser llenos de felicidad. Fuimos salvados para la mayor de todas las bienaventuranzas. La felicidad no es una opción. Es una orden de Dios. El apóstol Pablo, aun en la cárcel, escribió a los filipenses: “Alégrense siempre en el Señor. Repito: ¡Alégrense!”.
La alegría no es una emoción trivial y pasajera, sino la felicidad más profunda que coexiste con el dolor. Por supuesto, la vida no es un parque de diversiones. Enfrentamos luchas y cruzamos valles oscuros. Pero nuestra felicidad no es una emoción superficial y fugaz, sino una experiencia profunda y duradera. Nuestra alegría no sólo es imperativa, sino que, además, no depende de las circunstancias en la que nos encontramos.
Pero ¿cuál es el núcleo de esta felicidad? ¿Dinero? ¿Placer? ¿Éxito? No. Pablo dice: Alégrense siempre en el Señor. Jesús es el corazón de esa alegría. Él es el contenido de nuestra felicidad. Nuestra felicidad no es solo la ausencia de cosas malas o solo la presencia de cosas buenas. Nuestra felicidad es una persona; ¡nuestra felicidad es Jesús! ¿Ha experimentado la alegría de tener a Jesús en su corazón?
Padre Celestial, mis alegrías todavía están ligadas a las circunstancias de la vida. Ayúdame a experimentar siempre esta alegría imperativa en la persona de Jesús. En su nombre, Amén.