Eclesiastés 2:1-26
LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD
“[…] Pues he encontrado que también esto viene de parte de Dios. Porque, ¿quién puede comer, o gozar, si no es por él?”.Eclesiastés 2:24-25
A veces pensamos que las personas con más recursos tienen el camino franco a la felicidad. Por eso los artistas, los deportistas famosos o las celebridades de todo tipo tienen una gran cantidad de seguidores. Los imaginamos con el mundo a sus pies y la sonrisa en los labios. Pero no siempre es así.
El rey Salomón dedicó gran parte de su vida a la búsqueda de la felicidad. Era el hombre más rico, famoso y codiciado de su tiempo, así que la tarea no se antojaba imposible. Sin limitaciones de algún tipo buscó la felicidad en la bebida, pero lo que encontró en el fondo de una botella fue ilusión, vanidad y no felicidad. Luego buscó la felicidad en la riqueza. Amasó grandes fortunas, pero todo su dinero no pudo traerle la verdadera felicidad. También buscó la felicidad en las aventuras amorosas, pero ni siquiera un harem más numeroso pudo satisfacer esa búsqueda.
Como última instancia, Salomón buscó la felicidad en la fama y el éxito. Ganó innumerables medallas, levantó muchos trofeos, fue aplaudido como ídolo nacional. ¿Consiguió con esto lo que buscaba? De ninguna manera. Lo único que consiguió al final de este peregrinaje fue un vacío existencial. ¡Y pensar que el objeto de tan ansiada búsqueda estaba en aquel a quien había hecho a un lado! La felicidad que buscaba en las cosas y en las aventuras estaba en Dios.
Señor, es una tarea frustrante e inútil buscar la felicidad lejos de ti. Es perseguir el viento. Solo hay felicidad cuando eres parte de la vida. En el nombre de Jesús, amén.