Salmo 24:1-10
LA FELICIDAD DE UN CORAZÓN PURO
“Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios”.Mateo 5:8
La fe no está divorciada de la felicidad. Si se imagina al cristiano como alguien huraño y sombrío, eso no es lo que Jesús tenía en mente. Y si piensa que un rostro siempre sonriente identifica a un cristiano feliz, tampoco concuerda con lo que Jesús dice en este versículo. La felicidad es cosa del corazón, pero de un corazón limpio. Es un asunto de santidad, no de emoción.
Se equivocan los que piensan que la felicidad está en los placeres que el mundo ofrece, como si se tratase de un gran banquete. La felicidad consiste precisamente en abstenerse de estos aperitivos. Los licores del pecado pueden ser dulces al paladar, pero amargos al estómago. Pueden dar placer por un momento, pero no satisfacen el corazón para siempre. Los dichosos no son los que disfrutan de las aventuras de la vida, sino los que se mantienen puros. No son los que le dan rienda suelta a sus pasiones, sino los que mantienen el corazón puro. La felicidad no está en una fiesta donde el pecado abunda, sino en aquella donde la santidad florece. La felicidad no está en las aventuras candentes de sexo ilícito, sino en una vida regida por la pureza.
Sólo los puros de corazón verán a Dios. Sólo los puros de corazón se deleitarán en Dios y se sentirán a gusto en la casa del Padre. ¡Solo ellos son verdaderamente felices, eternamente felices!
Dios majestuoso, tú eres la única fuente de verdadera felicidad. Te pido que purifiques y renueves mi corazón en la santidad. En Jesús, amén.