31 de marzo del 2023
Salmo 30:1-12
ALEGRÍA EN VEZ DE LLANTO
“Si lloramos por la noche, por la mañana tendremos alegría”. Salmo 30:5b
El hombre viene al mundo llorando, pasa por la vida entre lágrimas y, por regla general, desciende a la tumba en medio de llanto. El llanto es a menudo nuestra comida durante el día. Lloramos por nuestros pecados y también por nuestras debilidades. Lloramos por nuestras victorias e incluso por nuestras alegrías. Lloramos mientras bajamos a los valles y cuando subimos a la cima. Llorar es nuestro menú diario y nuestra agenda del día. No nos deja salir ilesos. Las lágrimas que ruedan por nuestros rostros, a veces, como torrentes, inundan nuestras almas. Pero el llanto no dura para siempre. Las lágrimas a menudo lavan nuestra alma, humedecen nuestros corazones y riegan el suelo para la siembra bendita. El llanto no viene a llevarnos al naufragio, sino a quebrantarnos. El llanto es pedagógico. Es parte de nuestro viaje entre la cuna y la tumba. Lloramos por nosotros mismos. Lloramos por nuestra familia. Lloramos por nuestros hermanos. Incluso lloramos por nuestros enemigos. Pero llegará un día en que el llanto pasará página en nuestra historia. Cuando entremos en la ciudad santa, en la casa del Padre, en bienaventuranza eterna, Dios enjugará de nuestros ojos toda lágrima. Entonces no habrá más quebranto, no más luto, no habrá dolor, porque las primeras cosas habrán terminado.
Oh Dios, te doy gracias, porque tu presencia me alienta. En tus brazos encuentro refugio seguro. En el nombre de Jesús, amén.
Las crisis que nos llegan al alma son gigantescas. Presiones externas y temores in- ternos conspiran en nuestra contra sin cesar. Vivimos acosados por amenazas reales y también por amenazas ficticias. La vida no se da sin dolor. Nuestros caminos no están llenos de flores. No pisamos alfombras de terciopelo. Nuestra jornada se da por caminos espinosos. Sangran nuestros pies. Nuestra alma se arquea afligida. Nuestro cuerpo tiembla. Nuestras lágrimas revientan en nuestros ojos. Nos sentimos frágiles e impotentes, a veces, incluso sin fuerzas para seguir. En esos momentos necesitamos consuelo. No el consuelo superficial que viene de la tierra, sino el consuelo robusto que emana del cielo. Esta serie de reflexiones está basada en mi experiencia en el ministerio de consolación. Escribo desde el calor de la batalla, donde la gente llora, sangra y desesperadamente tiene que oír una palabra de esperanza. ¡Lee este devocionario con la sed del alma y recibe, también, un mensaje de consuelo!
Eleny Vassão
Sirve de capellán en un hospital. Es escritora, conferencista, y directora del Consejo Presbiteriano de capellanes.