Salmo 30:1-12
ALEGRÍA EN VEZ DE LLANTO
“Si lloramos por la noche, por la mañana tendremos alegría”. Salmo 30:5b
El hombre viene al mundo llorando, pasa por la vida entre lágrimas y, por regla general, desciende a la tumba en medio de llanto. El llanto es a menudo nuestra comida durante el día. Lloramos por nuestros pecados y también por nuestras debilidades. Lloramos por nuestras victorias e incluso por nuestras alegrías. Lloramos mientras bajamos a los valles y cuando subimos a la cima. Llorar es nuestro menú diario y nuestra agenda del día. No nos deja salir ilesos.
Las lágrimas que ruedan por nuestros rostros, a veces, como torrentes, inundan nuestras almas. Pero el llanto no dura para siempre. Las lágrimas a menudo lavan nuestra alma, humedecen nuestros corazones y riegan el suelo para la siembra bendita. El llanto no viene a llevarnos al naufragio, sino a quebrantarnos. El llanto es pedagógico. Es parte de nuestro viaje entre la cuna y la tumba.
Lloramos por nosotros mismos. Lloramos por nuestra familia. Lloramos por nuestros hermanos. Incluso lloramos por nuestros enemigos. Pero llegará un día en que el llanto pasará página en nuestra historia. Cuando entremos en la ciudad santa, en la casa del Padre, en bienaventuranza eterna, Dios enjugará de nuestros ojos toda lágrima. Entonces no habrá más quebranto, no más luto, no habrá dolor, porque las primeras cosas habrán terminado.
Oh Dios, te doy gracias, porque tu presencia me alienta. En tus brazos encuentro refugio seguro. En el nombre de Jesús, amén.